PROGRAMA LITERATURA 6º PREVIOS

La Literatura. Características. Ficción - uso estético del lenguaje - verosímil - pacto ficcional.

LA COSMOVISIÓN HUMORÍSTICA EN LA LITERATURA:
La Literatura. Características. Ficción - uso estético del lenguaje - verosímil - pacto ficcional.
La ficcionalización de un texto.
Recursos humorísticos: la ridiculización, el equívoco, lo inadecuado al contexto, lo obvio, la repetición, el juego de palabras, etc.
La parodia: el estereotipo, lo grotesco. Catarsis.
La finalidad de los textos humorísticos: la transgresión, la toma de conciencia, la denuncia, los fines políticos, didácticos, etc.
Lecturas: “Sueño de barrio” y “Cambios en tu hijo adolescente” de  Roberto Fontanarrosa. “Balada de la primera novia” y otros relatos de Alejandro Dolina.

LA COSMOVISIÓN ALEGÓRICA:
¿Qué son los textos alegóricos? El lector como protagonista.
Análisis de la película "El guerrero pacífico".
El viaje del Héroe. Las etapas. Su interpretación.
Lectura de "La ley del Espejo" de Yoshinory Noguchi.
Relatos alegóricos orientales.

LA COSMOVISIÓN DE RUPTURA Y EXPERIMENTACIÓN.
Características de las vanguardias de principios del siglo XX. La construcción de sentido.
Técnicas de escritura vanguardista. Los manifiestos vanguardistas: características.
Las vanguardias en la Argentina: los grupos de Boedo y Florida: características, integrantes. El debate sobre la función del arte.
La literatura de Oliverio Girondo. Recursos poéticos.
Lectura: “Espantapájaros al alcance de todos” de Oliverio Girondo. “Instrucciones..” de Julio Cortázar. "Balada de la oficina" de Roberto Mariani.

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Los Relatos Alegóricos Orientales


En   todos   estos   relatos,   «el   Maestro»   no   es   siempre   la   misma   persona.   Es   al   mismo tiempo   un   «gurú»   hindú,   un   «roshi»   zen,   un   sabio   taoísta,   un   rabino   judío,   un   monje cristiano, un místico sufí. . . Es Lao Tse y Sócrates, Buda y Jesús, Zaratustra y Mahoma. . Su enseñanza se encuentra en el siglo VIl antes de Cristo y en nuestro propio siglo XX. . . Su  sabiduría pertenece por igual  al Este  y al Oeste. .  . Probablemente   el   lenguaje   del   Maestro   resulte   misterioso,   exasperante   y   hasta  completamente absurdo para el lector. Estos relatos no han sido escritos para instruir, sino para «despertar». A medida que el lector  vaya leyendo las páginas impresas y se debata con el críptico lenguaje del Maestro, es  posible   que,   sin   darse   cuenta,   descubra   casualmente   la   silenciosa   enseñanza   que   se  esconde en ellas. . . y se descubra a sí mismo despierto. . . y transformado. Esto es lo  que la Sabiduría pretende: que cambiemos sin ningún esfuerzo por nuestra parte; que  resultemos   transformados,   lo   creamos   o   no,   por   el   simple   hecho   de   despertar   a   la  realidad que no son las palabras y que queda fuera del alcance de las palabras.
Autentico Milagro
Un hombre se presentó a un maestro y le dijo:
-Mi anterior maestro ha muerto. Él era un hombre santo capaz de hacer muchos  milagros. ¿Qué milagros eres tú capaz de realizar?
-Yo cuando como, como; cuando duermo, duermo -contestó el maestro.
-Pero eso no es ningún milagro, yo también como y duermo.
-No. Cuando tú comes, piensas en mil cosas; cuando duermes, fantaseas y sueñas. Yo  sólo como y duermo. Ese es mi milagro.
Buscando donde no hay nada
Una noche, un hombre que regresaba a su casa encontró a un vecino debajo de una  farola buscando algo afanosamente.-¿Qué te ocurre? -preguntó el recién llegado. -He perdido mi llave y no puedo entrar en casa -contestó éste.-Yo te ayudaré a buscarla. Al cabo de un rato de buscar ambos concienzudamente por los alrededores de la farola,  el buen vecino preguntó:-¿Estás seguro de haber perdido la llave aquí? -No, perdí la llave allí -contestó el aludido, señalando hacia un oscuro rincón de la calle.  -Entonces, ¿qué haces buscándola debajo de esta farola?-Es que aquí hay más luz.
La historia del zapatero
Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo, buscó la casa del zapatero y le dijo: Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda en la bolsa y éstas son mis únicas sandalias, están rotas, si tu me haces el favor. El zapatero le dijo, estoy cansado de que todos vengan a pedir y nadie a dar. El Señor le dijo, yo puedo darte lo que tú necesitas. El zapatero desconfiado viendo un mendigo le preguntó. ¿Tú podrías darme el millón de dólares que necesito para ser feliz? El Señor le dijo: yo puedo darte diez veces más que eso, pero a cambio de algo. El zapatero preguntó ¿a cambió de qué? A cambio de tus piernas. El zapatero respondió para qué quiero diez millones de dólares si no puedo caminar. Entonces el Señor le dijo, bueno, puedo darte cien millones de dólares a cambio de tus brazos. El zapatero respondió ¿para qué quiero yo cien millones de dólares si ni siquiera puedo comer solo? Entonces el Señor le dijo, bueno, puedo darte mil millones de dólares a cambio de tus ojos. El zapatero pensó poco ¿para qué quiero mil millones de dólares si no voy a poder ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos? Entonces el Señor le dijo: ¡Ah, hermano! Qué fortuna tienes y no te das cuenta.
Facundo Cabral

La Divina Comedia de Dante Alighieri (fragmento)

Texto completo versión en verso  click aquí
CANTO I
A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto.
¡Ah! Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi pavor, pavor tan amargo, que la muerte no lo es tanto. Pero antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas que he visto. No sé decir fijamente cómo entré allí; tan adormecido estaba cuando abandoné el verdadero camino. Pero al llegar al pie de una cuesta, donde terminaba el valle que me había llenado de miedo el corazón, miré hacia arriba, y vi su cima revestida ya de los rayos del planeta que nos guía con seguridad por todos los senderos. Entonces se calmó algún tanto el miedo que había permanecido en el lago de mi corazón durante la noche que pasé con tanta angustia; y del mismo modo que aquel que, saliendo anhelante fuera del piélago, al llegar a la playa, se vuelve hacia las ondas peligrosas y las contempla, así mi espíritu, fugitivo aún, se volvió hacia atrás para mirar el lugar de que no salió nunca nadie vivo. 
Después de haber dado algún reposo a mi fatigado cuerpo, continué subiendo por la solitaria playa, procurando afirmar siempre aquel de mis pies que estuviera más bajo. Al principio de la cuesta, aparecióseme una pantera ágil, de rápidos movimientos y cubierta de manchada piel. No se separaba de mi vista, sino que interceptaba de tal modo mi camino, que me volví muchas veces para retroceder. Era a tiempo que apuntaba el día, y el sol subía rodeado de aquellas estrellas que estaban con él cuando el amor divino imprimió el primer movimiento a todas las cosas bellas. Hora y estación tan dulces me daban motivo para augurar bien de aquella fiera de pintada piel. Pero no tanto que no me infundiera terror el aspecto de un león que a su vez se me apareció; figuróseme que venía contra mí, con la cabeza alta y con un hambre tan rabiosa, que hasta el aire parecía temerle. Siguió a éste una loba que, en medio de su demacración, parecía cargada de deseos; loba que ha obligado a vivir miserable a mucha gente. El fuego que despedían sus ojos me causó tal turbación, que perdí la esperanza de llegar a la cima. Y así como el que gustoso atesora y se entristece y llora con todos sus pensamientos cuando llega el momento en que sufre una pérdida, así me hizo padecer aquella inquieta fiera, que, viniendo a mi encuentro, poco a poco me repelía hacia donde el sol se calla. Mientras yo retrocedía hacia el valle, se presentó a mi vista uno, que por su prolongado silencio parecía mudo

La Ley del Espejo de Yoshinori Noguchi

Eiko Akiyama, un ama de casa que cumplirá 41 años, estaba preocupada.
Su hijo Yuta, de 5° de primaria, es maltratado en el colegio por sus compañeros.
Aunque diga que lo maltratan parece ser que no llegan a golpearle. Lo más habitual es  que  los  compañeros le ignoren o que le acusen de  cualquier problema que surja.
«No me maltratan», insiste Yuta, pero a Eiko le duele en el alma ver a su hijo tan solo y triste.
A Yuta le gusta el béisbol, pero sus compañeros no le invitan a jugar; así que, al regresar del colegio, se va solo al parque a jugar a pelota contra la pared.
Hace unos dos años, hubo un tiempo que Yuta jugaba a béisbol con los amigos. Durante esa época, Eiko le había visto jugar en el patio del colegio a la vuelta de la compra.
Pero Yuta cometió un error durante un partido y le culparon mucho. Los compañeros de equipo le acusaron a gritos sin piedad:
«¡Tus reflejos son demasiado lentos!»
«¡Por tu culpa hemos perdido 3 puntos!»
«¡Si perdemos es culpa tuya!»
Eiko  pensó:  «Es  cierto  que  las  habilidades  deportivas  de  Yuta  no  son excelentes, pero tiene también sus virtudes. Con lo buen chico que es.„».
Lo que más la hería era que no dieran ningún valor a las virtudes de su hijo. Y le fue muy duro ver cómo Yuta aguantaba los terribles comentarios de los compañeros de equipo mientras se disculpaba con una sonrisa.
A partir de ese incidente dejaron de invitarle para jugar al béisbol.
—Tú no puedes jugar con nosotros porque nos haces perder —le dijeron.
Parece ser que para Yuta lo más duro era que ya no le invitaran nunca a jugar al béisbol. Y además esto se hizo notar en un considerable aumento de malas caras y enfrentamientos con Eiko.
Pero Yuta no quería hablar con su madre de sus problemas ni de la soledad. Insistía en lo de «Yo no tengo ningún problema ».
Para Eiko lo más duro era que Yuta no le abriera su corazón. Aunque ella intentara enseñarle el «buen modo de relacionarse con los amigos », él sólo le decía: «¡No me des la lata!»,
«¡Déjame en paz!».
A la mañana siguiente Eiko decidió que llamaría a alguien. Llamaría a Yaguchi, un conocido de su marido.